Sobre el cobre de Carmen.
Cada pieza de esta colección nace con la misma intención: que la lleve alguien que quiere llevar encima algo auténtico.
El cobre lleva miles de años en contacto con la piel: lo llevaron reinas egipcias, soldados romanos y todas las generaciones de mujeres que vinieron antes que nosotras. Aparece más de 140 veces en la Biblia. Y eso no es casualidad.
Esta colección nació de esa misma obsesión: cobre puro, trabajado como se merece, en mi taller aquí en Toledo. 45 años con las mismas manos y el mismo cariño.
Lo que empezó como una pequeña colección se ha convertido en algo que solo puedo llamar vocación. Cada detalle cuenta: el peso, el acabado, la pureza. Porque las mujeres que llevan estas piezas merecen saber exactamente qué se ponen sobre la piel.
Cada pieza de esta colección toma forma a mano, una a una. Solo me da tiempo a hacer estas, y cuando se acaben, se acabaron.